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La universidad peruana se debate en un círculo de carencias y limitaciones; no participa adecuadamente en la generación de conocimientos y formación de capital humano; además, no tiene la capacidad suficiente para contribuir a la transformación social con equidad.

 

En los últimos años, la necesidad de mejorar  la calidad educativa ha  generado una serie de interrogantes que requieren de una profunda reflexión en nuestra comunidad universitaria.

 

¿Cómo formar al ciudadano peruano para que desarrolle sus potencialidades y mejore la relevancia y calidad de su aporte en la compleja, dinámica e interconectada sociedad del siglo XXI?

 

¿En que marcos filosóficos, dialécticos, epistemológicos y pedagógicos debe sustentarse la educación en el Perú?

 

¿Qué políticas, objetivos y estrategias son claves para una educación con calidad y pertinencia que permita formar el capital humano que desarrolle el Perú en todos sus aspectos?

 

¿Cómo promover una inteligencia colectiva que nos lleve a lograr una sinergia social para desarrollar mentalmente a nuestros estudiantes y proyectarla hacia el país?

 

Uno de los graves problemas, que afecta nuestra sociedad, es la visión fragmentada y simplificada de la realidad. Esta situación se debe, en gran medida, a los paradigmas positivista y reduccionista que sustenta nuestra actual educación. En palabras del profesor Morin: “El paradigma juega un rol al mismo tiempo subterráneo y soberano en cualquier teoría, doctrina o ideología. El paradigma es inconsciente pero irriga el pensamiento conciente, lo controla.” Entonces, nuestros paradigmas educativos en gran medida determinan los modelos mentales que nuestra población usa para interpretar el mundo e interactuar con este. Precisamente son estos modelos mentales los que debemos cambiar.

 

Para Morin, la revolución paradigmática depende de una revolución propia de la conciencia. Precisa lo siguiente: “No se puede reformar las instituciones si no se reforman los espíritus y no se pueden reformar los espíritus sin reformar las instituciones.”  Deja claro, además, que: “La revolución paradigmática no sólo amenaza a los conceptos, las ideas, las teorías, sino también al status, prestigio y la carrera de todos aquellos que vivían material y psíquicamente de la creencia establecida; cambiar de paradigma es a la vez cambiar de creencias, de ser y de universo.”

 

Edgar Morin nos invita a: “Formar a la condición humana, de los hombres y mujeres como individuos, ciudadanos de sus naciones y ciudadanos de la tierra para tratar los problemas fundamentales y globales que tendrán que enfrentar durante su existencia”.

 

Esto implica consensuar una plataforma educativa con métodos, tecnologías e ideas rectoras, para lo cual Morin nos propone: “La introducción al método para el conocimiento complejo e introducción a la epistemología compleja”. También nos manifiesta que “El propósito de la complejidad es, por una parte, vincular (contextualizar y globalizar) y, por otra, asumir el reto de la incertidumbre”.

 

Para Morin el pensamiento complejo es como un edificio de dos pisos. La base la constituyen la teoría de la información, la teoría de la cibernética y la teoría de los sistemas; este primer piso del edificio contiene de igual modo las herramientas necesarias para una teoría de la organización. Luego viene un segundo piso con las ideas sobre la auto-organización de Von Newman y Von Forester, Atlan y Prigogine. A este edificio Morin reconoce haber aportado especialmente tres principios: el dialógico, el recursivo y el hologramático.

 

Para lograr estos objetivos se requiere de un enfoque educativo capaz de enseñar a pensar desde la complejidad a los ciudadanos peruanos de todas las edades, mejorar entonces sus modelos mentales, desarrollar sus competencias, establecer nuevos hábitos de trabajo basados en la confianza y comunicación. Este nuevo enfoque educativo deberá permitir, desde la complejidad, articular la inteligencia colectiva, nacional e internacional, en bien de la humanidad. 

 

En ese sentido, el Instituto Peruano del pensamiento Complejo, IPCEM  de la Universidad Ricardo Palma, URP, viene afrontando las interrogantes planteadas, generando investigaciones, diálogo, discusión y consensos sobre las mejores y multidiversas maneras de realizar una reforma educativa sustantiva, que eleve la calidad educativa y sea adecuada a los tiempos y requerimientos de los jóvenes, de los docentes universitarios y del país, en la construcción de una propuesta de sociedad alternativa viable, desde la complejidad. 


Por estos motivos, en la programación del IPCEM destacan  los  cursos  para la formación  de expertos en el tema en el Perú y, sobre todo, las “Jornadas Juveniles: Reforma del Pensamiento para el Desarrollo Humano”, que el instituto organiza en conjunto con el Concejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica del Perú (CONCYTEC).

 

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